Nuestra Historia

Siempre debes estar abierto a las oportunidades. Tener los ojos bien abiertos. Cuando Jorge Salcedo tenía 15 años, su mamá lo estaba acompañando a una entrevista de trabajo como caddie en el club de Golf México. En el trolebús, por coincidencia, Aurora se encontró con un compadre quien al enterarse que Jorge estaba en busca de trabajo, le dijo que justo acababa de ver una oportunidad de trabajo en una óptica en el centro, de mozo, no había necesidad de ir tan lejos. Jorge y su madre se bajaron en la siguiente parada y tomaron rumbo a la calle de Bolivar.

Al poco tiempo de empezar a trabajar con el Sr. Moscona, este le pidió a Jorge que fuera a comprar unos lentes a la vuelta de la esquina, eran para un paciente que acababa de retirarse. No hicieron falta más detalles para que Jorge se diera cuenta del potencial de una óptica. Estaba enamorado de todo el trabajo que un anteojo conlleva detrás, y de su nobleza inherente. Al poco tiempo se estaba graduando de la Escuela Libre de Optometría y había dejado de ser mozo. Pasó de barrer y trapear pisos, a ser aprendiz de taller. Aprendió a tallar, cortar y montar lentes. En las raras ocasiones en que su jefe le permitía bajar al piso de óptica, estaba fascinado con el servicio de Marcelo Chiquiar, quien en aquella época era el encargado de optometría y ventas de la vieja Óptica Bolivar. En una de estas ocasiones, ayudando a Marcelo, vio entrar aun señor alto, rubio, de ojos claros. Con toda calma y tranquilidad, el extraño, se acercó hasta él solamente para en preguntarle: Tu eres Jorge? Si, él era Jorge. Esta persona le entregó una tarjeta y le dijo que tenía una oportunidad de trabajo para él. Que si estaba interesado debía verlo a las 7 pm, para cenar, en el hotel donde se hospedaba de paseo de la Reforma. Poco tiempo después, Jorge se enteró que estas eran las únicas frases que Anthony C. Sax sabía pronunciar en castellano. Jorge al principio desconfío, pero su gran y mucho mas experimentado amigo Marcelo le dijo que no dejara pasar la oportunidad. A las 7 pm en punto Jorge estaba llegando al hotel, con el saco de Marcelo bajo el brazo, le había dado pena llegar en mangas de camisa. Ahí encontró al Sr. Sax junto con un mesero que serviría de traductor. Anthony le explicó que trabajaba para el Dr. Lewison, de la ciudad de NY, uno de los pioneros en el desarrollo de lentes de contacto, y estaba buscando abrir un despacho en México. Al preguntar por las ópticas del centro referencias sobre alguien que tuviera características de servicio y profesionalismo, todos le contestaron lo mismo: Jorge Salcedo. Así fue como Anthony dio con Jorge. Un mes después de su entrevista, estaba dejando 15 años de trabajo en la Óptica Bolívar, para embarcarse en una nueva aventura que le cambiaría la vida. Sin el saberlo, se convertiría en el adaptador más exitoso de lentes de contacto del país, haciendo de esta pequeña oficina del Dr. Lewison la más exitosa de todas sus sucursales. Para finales de la década de los 60’s entre Jorge y su esposa tenían ya tres ópticas propias: Óptica Azteca, Nueva Era y Óptica Tacuba. Pero los tiempos exigían un nombre en común, fuerte y que los diferenciara del resto. Jorge tomó su primer avión en la vida, decidido a darle las gracias al Dr. Lewison por la oportunidad que le había dado. Tomó un taxi, llegó al despacho, llamó a la puerta y al verlo el Lawrence solo supo decir: Tu eres Jorge? Nunca se habían visto en persona. Ahí nace Ópticas York, un nombre en agradecimiento al Dr. Lewison, y por supuesto al Sr. Sax. Quién iba a decir que la vida tendría tantas coincidencias y oportunidades para un niño que en 1932 vería la luz en un viejo sanatorio en la calle de Dr. Lavista.

La diferencia está en la apuesta arriesgada en selección de marcas (las independientes y con proceso artesanal) y piezas únicas: Cutler and Gross, Whiteout & Glare o L.G.R, Mykita o L.A. Eyeworks, además de muchos vintage conseguidos en sus visitas a los mercados de pulgas del mundo. Es decir, la exclusividad está asegurada.

Dr. York levantó sus cortinas el sábado 28 de Mayo de 2011 en la calle de Álvaro Obregón de la Colonia Roma en la Ciudad de México. Si, todos los caminos llevan a la Roma. En el 2010 Elena y José conocieron a un hombre que les cambió el rumbo de su vida: Kenny Moscot. Un día tocaron a su puerta, después de presentarse vía Twitter en el 2009, y como si fueran amigos de toda la vida, planearon abrir una pequeña tienda, juntos, en el DF. Kenny fue la chispa que puso en movimiento lo que por muchos años habían solamente imaginado. Desgraciadamente no pudo ver lo que nació de esa pequeña plática que tuvieron en su oficina en la calle 14 de Nueva York: DrYork.

Elena Orestano y José Castellanos abrieron las puertas de DrYork hace cuatro años. José trabajó en un negocio familiar óptico por 15 años, su abuelo es el fundador de Ópticas York. Elena trabajó en medios de comunicación como reportera, editora y PR. Durante muchos años José buscó la manera de trabajar con marcas independientes ya que siempre se sintió identificado con su espíritu alternativo y contra cultural. Lo que mas le llamaba la atención, y a la fecha es uno de los factores en los que se fijan para trabajar con alguna marca, es la historia detrás de cada pieza. Que haya un ser humano comprometido y apasionado por lo que hace. Dr. York es la primera óptica en México que ofrece, únicamente, colecciones de armazones independientes. El principio que motiva y rige el día a día en DrYork es ofrecer algo que apasiona a ambos: un espacio en el que se le de importancia a la gente. La gente que produce los armazones, la gente que los selecciona y ofrece, y los que disfrutan de ellos.   Al final del día, como les dijo Kenny alguna vez: “It’s all about the People” / “Se trata de la Gente”. Se trata de la gente que crea un armazón, de la gente que lo muestra, de la gente que lo usa. De las historias que se entrelazan y crean esta comunidad. Quien iba a decir que la ciudad de Nueva York tendría un par de oportunidades detrás de las puertas de dos despachos diferentes, uno en la calle 47 otro en la 14, para un abuelo y su nieto.

Elena Orestano y José Castellanos.