Abril Solis


Espressarte.
Monterrey 151.
Roma Norte.
https://es-es.facebook.com/espressartel

En las barras me he hecho

Lo primero que hice fue trabajar. No terminé la Prepa y entré a una Universidad, sino más bien me tardé un rato porque no podía entrar. En ese lapso fue donde conocí Media Luna en la Zona Rosa, que fue de las primeras barras tostadoras que ofrecía algo más que café, y empecé de mesera. En Media Luna me enamoré del café y fue ahí donde decidí que eso era lo que quería hacer toda la vida. En realidad no fue una decisión, es solo una sensación. Honestamente lo que yo quería era entrar a la Facultad de Filosofía, pero por una u otra cosa no se daba, así que después de trabajar como estenógrafa, volví al café. El café me llamó. Lo que más me gustaba de trabajar como estenógrafa era preparar el café de la oficina. El día que mi jefe quería castigarme, cuando yo llegaba a trabajar ya estaba hecho el café y eso me ponía muy mal. Ahí me di cuenta que lo mejor de ti, lo demuestras de alguna forma, así como los pintores, yo que sé, para mí era poder preparar el café. Mi primer entrenamiento formal fue en Do Brasil La Balsa, aunque yo llevaba cubierto ya un buen trecho de manera empírica después de pasar por tantas barras. El café es un mundo de hombres y de pronto que una chavita pretendiera tostar no les cuadraba, pero yo estaba muy contenta. Esto fue en el 2001. Ese mismo año empezó la competencia mexicana de baristas y mi jefe de Do Brasil La Balsa me animó a inscribirme. Yo me sentía sola entre un mundo de nadie, ya que el café es café, es una bebida, la preparas y punto, pero de pronto yo me hacía preguntas como: cuánto café debería ponerle al grupo para trabajarlo bien? No había nadie que me las contestara, sino hasta esa primera competencia. Yo conocía las letras, pero ahí me enseñaron a formar palabras y oraciones. Marcó mi vida esta experiencia, fue mi alma mater. Yo quería seguir aprendiendo. Conseguí un libro de cafeticultura pero no entendía nada, tomé cursos, certificaciones, diplomados, y seguí preguntando, estuve en la UNAM, en Chapingo, estaba hambrienta de conocer. Yo quería todo: ser barista, catadora, tostadora. Y la verdad es de que al tiempo, en las barras me he hecho. Por mi propia cuenta empecé haciendo capacitaciones, luego di servicios de “coffee break”, yo no había concebido que podía gestar un negocio con todo lo que sabía. Este año cumplimos 5 años en Espressarte, y al principio yo no sabía que iba a hacer, sólo que se iba a llamar así. La primera vez que fui a una feria internacional de café me preguntaron de que empresa venía y contesté: Espressarte. Y no había nada todavía, solo el sueño. Cuando tu bebes una taza de café y ves desde el proceso, la realidad de las comunidades ejidatarias donde se produce café en México, cuando después de muchas circunstancias ese café llega a la mesa de cata, lo evalúas y te das cuenta de lo que puedes encontrar, entiendes que México no es un país de café a granel, sino de especialidad, de microclimas, de varietales. Y de eso se trata este lugar. De eso deberían tratarse la cafeterías de especialidad, de entender que hay una historia detrás de cada taza. No estudié Filosofía, pero yo creo que esta parte de estar metida en el café, de ser barista, es una filosofía de vida, una manera de ver la vida.