Humberto Zermeño


El Faro Eléctrico.
Álvaro Obregón 80.
Roma Norte. México, DF.
5584-2867.

Cada quien debe hacer su propia historia

Este negocio ha sido parte de la familia desde el ’35. Primero mi abuela, después mi padre, y luego ya heredé yo. Aquí yo ya llevo 45 años. Ha sido mi único trabajo. Yo creo que si no es el negocio mas viejo de la Roma, de una sola familia, está entre los 10 más antiguos. Cuando mi padre falleció, a los 18 años, tuve que tomar el negocio y ya no salí. No es fácil estar detrás de un mostrador. Tratar al público es diferente. Si tu no tienes carácter se te puede hacer muy difícil. Cuando empecé aquí, yo no quería ser tlapalero, yo quería ser psicólogo pero con el tiempo me empezó a gustar, me empezó a ir bien, era mi propio patrón, no dependía de nadie, vi que tenía facilidad para vender, y dije: de aquí soy. ¿Para que le muevo? Hice tres negocios por aquí: puse una tortería y otras dos eléctricas. Pero mi falta de conocimientos, de actualización, no me ayudaron a llevar bien los negocios. Me robaban, y yo me presto mucho porque siempre he intentado ayudar a la gente. Al final, eso te pega, pero no hay problema ya que como dicen en Cuba: perdiendo gano. Por unos centavos, me quité a mucha gente de mal intencionada de encima. Ya tiene mucho tiempo que tengo esa filosofía, la de ayudar, y siempre estoy contento, en muy buen plan. He ganado más, no en lo económico, sino en lo emocional. Me siento muy bien. A mi ya no me corresponde que será de “El Faro Eléctrico”. Yo estoy haciendo mi historia, mal o bien, ya estoy de salida. Al que le corresponde es a mi hijo, si es que decide quedarse. Tiene 85 años de historia detrás de él, pero ya no me toca a mi decidir el futuro. Afortunadamente no soy muy apegado a las cosas. Lo que más disfruto de mi trabajo es molestar a mi “estorbante”. Si Tin Tan tuvo a su Marcelo, ¿por qué no voy a tener yo a mi Josecito? Siempre le estoy dando lata, pero en buena onda. Hacemos lo que se puede por pasar el día lo más ameno, con el cliente o entre nosotros. Yo soy muy dicharachero. Tengo un librito en donde escribí todos los dichos que me acuerdo, mínimo unos 100. Se me van olvidando, por eso mejor los registré. Los dichos para mi son la Biblia de la vida. Cuando puedo siempre saco el dicho, por ejemplo: el interés tiene pies. Y eso es lo único que le recomiendo a mi hijo, que llueva, truene o relampaguee, tu tienes que estar en tu negocio. Es lo que a mi me ha funcionado. Los negocios son muy celosos. En 46 años que tengo aquí jamás he faltado por salud, si he faltado es por vacaciones. No puedo perdonar los dolores de cabeza, ni la pereza. El trabajo hay que respetarlo. Es difícil, pero es el éxito. Le gente siempre me pregunta que porqué soy tan cortés, tan amable. Y yo siempre les contesto que primero, porque me gusta, y después porque no me cuesta ningún trabajo. La cortesía abre puertas.