Jorge Rosano


Casa Rosano
Orizaba 101-D.
Roma Norte.
www.casarosano.com

Romani di Roma

A mi lo que me gusta decir es que me dedico al arte, a la obra de arte. Nací en Casa Rosano, básicamente, y siempre estuve en contacto con artistas, con obra, y aprendí un poco de lo que veía diariamente. Mi abuelo empezó Rosano en el ’52. Mi bisabuelo tenía una papelería y mi bisabuela un hospital de muñecas de cerámica. Mi abuelo una vez vio unos marcos miniatura de las muñecas, y le gustó tanto que decidió que esa sería su profesión: los marcos. Estudié fotografía en Centro de la Imagen y tenía muchas ganas también de entrar a La Esmeralda. A los 19 años que hice el examen no entré, así que me calvé en aprender el negocio de los marcos , pero seguía con ganas de entrar a La Esmeralda y cuando lo volví a hacer a los 23 años, entré. Mi trabajo más serio, el más personal, es la fotografía: una reflexión acerca de la imagen, que al final del día es lo que hago aquí en la tienda y con el proyecto de la galería (Breve). Siempre me ha interesado desarrollar mi obra, pero hasta hace muy poco entendí lo mucho que me interesa la obra de los demás, y esa es mi fuente de inspiración Hay una marquería en cada barrio, pero lo que aquí tenemos es que tratamos de involucrarnos mucho con la obra. Es un lujo que prácticamente enmarcamos pura obra de arte. Digo, enmarcamos lo que sea que nos traigan, diplomas, dibujos, pero tenemos la suerte de enmarcar cosas muy buenas, de trabajar con los artistas, coleccionistas, museos. Lo que más me gusta es involucrarme cuando llega alguien, tratar de entender de donde viene y lo que busca para esa obra, que puede ser un dibujo infantil, pero que representa todo para esta persona. Para mí, este lugar, es un lugar de vínculos. Pasan cosas muy padres en Rosano, somos un lugar pequeño, pero especializado, y eso permite relacionarse y llegar a poder decir que trabajas con y para amigos. Hace unos años nos trajeron un cristal donde se había estrellado una paloma y eso querían enmarcar, la mancha de grasa que había dejado la paloma en el cristal. Hay historias buenísimas. Este es un clásico negocio del barrio. 63 años en la Roma. 50 años en el viejo edificio y 13 aquí en el Balmori. Que mejor esquina del barrio que Obregón y Orizaba. Mi papá siempre decía: yo soy romano de La Roma.